Hago esta entrada simplemente porque este tema lleva unas veinticuatro horas taladrándome la cabeza sin parar. Y no de una forma negativa, la verdad. Le he dado muchas vueltas, he sentido mucha rabia y, sobre todo, he leído mucho (para más información me remito a hashtags tipo #JeSuisCharlie o #CharlieHebdo). Y desde luego, he tenido que leer cada sandez que ni siquiera he podido creérmelo. Después de debatirlo con mi profesora de Francés (Sara sabiendo hablar francés, mon Dieu), he llegado a la conclusión de que tenía que expresarme al respecto, aunque brevemente. No me apetece quedarme callada.
Seré breve. La revista satírica Charlie Hebdo, siempre ácida y extremadamente crítica, publicó en su día una serie de caricaturas contrarias al Estado Islámico y a algunos aspectos de la religión musulmana. Independientemente de lo irrespetuosas que fuesen dichas caricaturas — sátiras que utilizaban los dibujantes para burlarse de la sociedad en general, y no medios de comunicación «serios» como podrían ser los diarios de la ultra-derecha de Le Pen — lo que se ha cometido en el distrito once de París tiene dos calificativos: atentado terrorista y ataque a la libertad de expresión. No ha sido la religión islámica la que ha asesinado a sangre fría a dibujantes, cómicos, periodistas; ha sido el terrorismo. No han sido las caricaturas lo que lo que lo ha condicionado; ha sido el fanatismo. ¿Quién es nadie para matar en nombre de "Dios"? ¿Quién es nadie para decidir sobre la vida de una persona inocente solo por expresar una opinión de forma cómica o satírica, sin importar siquiera lo que haya dicho? ¿Quién es nadie para decidir sobre la vida de un guardia de seguridad que estaba en aquella puerta como podría haber restado en cualquier otra? ¿Quién es nadie para utilizar la religión como justificación para asesinar? Los hay que creen en el cielo, en el Paraíso, en el Más Allá. Pero yo soy de esas personas que creen que la totalidad de lo que somos se vive en la Tierra y que nadie tiene derecho a arrebatarle esa posibilidad a otra persona.
La realidad es que se lleva siglos luchando por la libertad de expresión. Y que se intente maniatar, aterrorizar y silenciar a las personas así es algo simplemente lamentable. El asesinar por haber hecho un dibujo es algo vil, nefasto y, sobre todo, inaceptable. Las personas que se empeñan en insistir en la «falta de moral» de las caricaturas no están haciendo sino restarle importancia al atentado. Otros se ensañan con la idea de que «debería existir mayor censura». Pero realmente, si se eliminaran dichas publicaciones por el mero hecho de no ser bien vistas por un sector de la población, se terminaría la libertad de expresión como la entendemos. Siempre habrá alguien ofendido. Siempre habrá alguien que desee manifestar su opinión. Estas cosas se solucionan mediante un debate pacífico, demandas a lo sumo. Pero no un asesinato. Arrebatarle la vida a alguien nunca está justificado.
Poco más me queda que decir. Solo que hoy es día de luto para todo aquel en contra del terrorismo, y también para todos aquellos que creemos fervientemente en la creatividad y la libertad de expresión. Como indica la portada de la web de El jueves, «son tiempos duros para el humor».

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